Las tendencias de decoración de este año tienen algo en común: buscan que los espacios se sientan más cálidos y habitables.
Los tonos neutros siguen siendo protagonistas, pero ya no se usan de forma fría. Beige, crema, arena y café aparecen acompañados de texturas que aportan profundidad.
Las formas orgánicas también tienen mucha presencia. Mesas redondas, sofás curvos, jarrones escultóricos y objetos con líneas suaves ayudan a que los ambientes se sientan menos rígidos.
El dorado continúa presente, aunque de una forma más discreta. Ya no se trata de llenar un espacio de brillo, sino de usar pequeños acentos en lámparas, bandejas, marcos o accesorios.
Los materiales naturales también ganan espacio: madera, fibras, cerámica y tejidos suaves.
El resultado es una decoración elegante, pero menos perfecta y más cómoda. Espacios bonitos que también invitan a sentarse, descansar y vivirlos.




